"Y ahí estaba, una mujer vieja ahora; vive esperando el bien, cree, teme el mal, llena de angustias por los que viven, también por los que están muertos; ahí está, mirando las ruinas de su casa, admirando el cielo de primavera sin saber que lo está admirando, preguntándose por qué el futuro de los que ama es tan oscuro y sus vidas están llenas de errores, sin darse cuenta de que precisamente esa confusión, esa niebla y ese dolor aportan la respuesta, la claridad, la esperanza, sin darse cuenta de que en lo más profundo de su alma ya conoce el significado de la vida que le ha tocado vivir, a ella y a los suyos. Y aunque ninguno de ellos pueda decir qué les espera, aunque sepan que en una época tan terrible el ser humano ya no es forjador de su propia felicidad y que sólo el destino tiene poder de indultar y castigar, de ensalzar en la gloria y hundir en la miseria, de convertir a un hombre en polvo de un campo penitenciario, sin embargo ni el destino ni la historia ni la ira del Estado ni la gloria ni la infamia de la batalla tienen poder para transformar a los que llevan por nombre seres humanos. Fuera lo que fuese lo que les depara el futuro -la fama por su trabajo o soledad, la miseria y la desesperación, la muerte y la ejecución-, ellos vivirían como seres humanos y morirían como seres humanos, y lo mismo para aquellos que ya han muerto; y sólo en eso consiste la victoria y amarga eterna del hombre sobre las fuerzas grandiosas e inhumanas que hubo y habrá en el mundo".
jueves, 19 de noviembre de 2009
lunes, 28 de septiembre de 2009
[MARCAPÁGINAS 19] "Ligeramente desenfocado", Robert Capa
"Los bombarderos hicieron tráfico alrededor de la torre de control, esperando que se les concediera permiso para aterrizar. Uno de ellos había perdido el tren de aterrizaje, y algunos de sus tripulantes estaban heridos. La torre le dio prioridad, ordenándole que intentara el aterrizaje forzoso. Preparé mi Contax y terminé casi un rollo completo antes de que el avión se detuviera por fin, intacto. Corrí al avión y ajusté mi segunda Contax. Se abrió la escotilla y los médicos desembarcaron lo que quedaba de un tipo. Aún se quejaba. El siguiente ya no. El último en viajar del avión fue un piloto. Parecía estar bien, salvo por un ligero rasguño en la frente. Me moví para conseguir su primer plano y él se detuvo a medio camino y gritó. <<¿Son éstas las fotos que estás buscando, fotógrafo?>>. Guardé la cámara y regresé a Londres sin despedirme.
En el tren de vuelta, con aquellos rollos de película bien aprovechados en mi bolsa, sentí odio hacia mí mismo y hacia mi profesión. Ese tipo de fotografía era apta sólo para sepultureros, y yo no quería ser uno. Si tenía que participar en un funeral, juré que lo haría desde el cortejo."
"Ligeramente desenfocado", Robert Capa, 1947.
La Fábrica Editorial, 2009.
La Fábrica Editorial, 2009.

viernes, 28 de agosto de 2009
[MARCAPÁGINAS 18] "Leonardo. El vuelo de la mente", Charles Nicholl
"En la actualidad es posible hacer una peregrinación vertical a la base de la linterna del Duomo. Una escalera formada por 463 peldaños de piedra arranca de una entrada en el lado sur del crucero, desemboca brevemente en el reborde inferior de la cúpula -donde se pasa junto a los enromes pies calzados con sandalias y los bordes ondeantes de las túnicas del fresco de Vasari dedicado al Juicio Final- y vuelve a ascender en círculo por detrás del revestimiento de la cúpula para emerger en lo alto de la ciudad, con los tejados del casco antiguo diseminados allá abajo y las calles abriéndose paso entre ellos como los radios de una rueda de bicicleta ligeramente aplastada. Desde allí vemos el trazado de la via Ghibellina, en la que se hallaba la bottega de Verrochio, la esbelta aguja donde estaba la oficina de Ser Piero (da Vinci), y, hacia el norte, el enorme cubo del Palazzo Medici, que todavía da la impresión de que acabaran de colocarlo en ese lugar.
Aquí arriba estuvo Leonardo un día de comienzos del verano de 1471. Intuimos la importancia que la ocasión revistió para él, en parte por la euforia de verse tan alto como un pájaro y en parte por sentir el poder de la tecnología de Brunelleschi, la magia, precisamente calibrada, capaz de arrojar hacia el cielo una estructura semejante desafiando la fuerza de la gravedad. Un momento apasionante en la historia del Renacimiento."
lunes, 29 de junio de 2009
[MARCAPÁGINAS 17] "El hombre más buscado", John Le Carré
"Huelga decir que no podemos culpar a un boxeador turco, campeón de los pesos pesados, de no advertir, mientras pasea tranquilamente por una calle de Hamburgo con su madre del brazo, que le sigue los pasos un muchacho flaco envuelto en un abrigo negro.
El Gran Melik, como lo llamaban con admiración en su barrio, era un gigante de hombre, greñudo, desaliñado y campechano, con una sonrisa espontánea y amplia, el pelo negro recogido en una coleta y unos andares cimbreantes y desenvueltos que, incluso sin su madre, abarcaban media acera. A los veinte años, era una celebridad en su pequeño mundo, y no sólo por sus proezas en el cuadrilátero: representante juvenil electo de un club deportivo islámico, finalista tres años consecutivos en los cien metros mariposa del Campeonato del Norte de Alemania y, por si fuera poco, portero titular de su equipo de fútbol de los sábados.
Como la mayoría de las personas de envergadura considerable, estaba más acostumbrado a ser mirado que a mirar, y he ahí otra de las razones por las que aquel muchacho flaco le siguió los pasos sin que lo advirtiera durante tres días y tres noches."
El Gran Melik, como lo llamaban con admiración en su barrio, era un gigante de hombre, greñudo, desaliñado y campechano, con una sonrisa espontánea y amplia, el pelo negro recogido en una coleta y unos andares cimbreantes y desenvueltos que, incluso sin su madre, abarcaban media acera. A los veinte años, era una celebridad en su pequeño mundo, y no sólo por sus proezas en el cuadrilátero: representante juvenil electo de un club deportivo islámico, finalista tres años consecutivos en los cien metros mariposa del Campeonato del Norte de Alemania y, por si fuera poco, portero titular de su equipo de fútbol de los sábados.
Como la mayoría de las personas de envergadura considerable, estaba más acostumbrado a ser mirado que a mirar, y he ahí otra de las razones por las que aquel muchacho flaco le siguió los pasos sin que lo advirtiera durante tres días y tres noches."
lunes, 11 de mayo de 2009
[MARCAPÁGINAS 16] "Las partículas elementales", Michel Houellebecq
"Las formas de la naturaleza, escribe Djerzinski, son formas humanas. Es en nuestro cerebro donde aparecen los triángulos, los entrelazamientos y los ramajes. Los reconocemos, los apreciamos; vivimos en medio de ellos. En medio de nuestras creaciones, creaciones humanas, comunicables a los hombres, nos perfeccionamos y morimos. En medio del espacio, el espacio humano, tomamos medidas; con estas medidas creamos el espacio, el espacio entre nuestras instrumentos."
"El hombre poco instruido, continúa Djerzinski, siente terror ante la idea del espacio; lo imagina inmenso, nocturno y vacío. Imagina a los seres en la forma elemental de una bola, aislada en el espacio, encogida en el espacio. Aterrorizados por la idea del espacio, los seres humanos se encogen; tienen frío, tienen miedo. En el mejor de los casos, atraviesan el espacio, se saludan con tristeza en mitad del espacio. Y sien embargo ese espacio está en su interior, se trata de su propia creación mental."
"En ese espacio al que tanto temen, sigue Djerzinski, los seres humanos aprenden a vivir y a morir; en medio de su espacio mental surgen la separación, el alejamiento y el sufrimiento. Sobre esto hay muy poco que decir: el amante oye la llamada de su amada a través de océanos y montañas; a través de océanos y montañas, la madre oye la llamada de su hijo. El amor une, y une para siempre. La práctica del bien es una unión, la práctica del mal una desunión. El otro nombre del mal es separación; y aún hay otro, mentira. Sólo existe un entrelazamiento magnífico, recíproco einmenso."
"El hombre poco instruido, continúa Djerzinski, siente terror ante la idea del espacio; lo imagina inmenso, nocturno y vacío. Imagina a los seres en la forma elemental de una bola, aislada en el espacio, encogida en el espacio. Aterrorizados por la idea del espacio, los seres humanos se encogen; tienen frío, tienen miedo. En el mejor de los casos, atraviesan el espacio, se saludan con tristeza en mitad del espacio. Y sien embargo ese espacio está en su interior, se trata de su propia creación mental."
"En ese espacio al que tanto temen, sigue Djerzinski, los seres humanos aprenden a vivir y a morir; en medio de su espacio mental surgen la separación, el alejamiento y el sufrimiento. Sobre esto hay muy poco que decir: el amante oye la llamada de su amada a través de océanos y montañas; a través de océanos y montañas, la madre oye la llamada de su hijo. El amor une, y une para siempre. La práctica del bien es una unión, la práctica del mal una desunión. El otro nombre del mal es separación; y aún hay otro, mentira. Sólo existe un entrelazamiento magnífico, recíproco einmenso."
lunes, 6 de abril de 2009
[MARCAPÁGINAS 15] "Los tres mosqueteros", Alejandro Dumas
"-Claro, ¿no sabéis que no se nos ve jamás a uno sin los otros, y que entre los mosqueteros y entre los guardias, en la corte y en la ciudad, se nos llama Athos, Porthos y Aramis o los tres inseparables? Bueno como vos llegáis de Dax o de Pau...
-De Tarbes - dijo D'Artagnan.
-...os está permitido ignorar este detalle - dijo Athos.
-A fe mía - dijo D'Artagnan-, que estáis bien llamados, señores, y mi aventura, si tiene alguna resonancia, probará al menos que vuestra unión no está fundada en el contraste.
Entre tanto Porthos se había acercado, había saludado a Athos con la mano; luego, al volverse hacia D'Artagnan, había quedado estupefacto.
Digamos de pasada que había cambiado de tahalí, y dejado su capa.
-¡Ah, ah! - exclamó-. ¿Qué es esto?
-Este es el señor con quien me bato - dijo Athos señalando con la mano a D'Artagnan, y saludándole con el mismo gesto.
-Con él me bato también yo - dijo Porthos.
-Pero a la una - respondió D'Artagnan.
-Y también yo me bato con este señor - dijo Aramis llegando a su vez al lugar.
-Pero a las dos - dijo D'Artagnan con la misma calma.
-Pero ¿por qué te bates tú, Athos? - preguntó Aramis.
-A fe que no lo sé demasiado; me ha hecho daño en el hombro. ¿Y tú, Porthos?
-A fe que me bato porque me bato - respondió Porthos enrojeciendo.
Athos, que no se perdía una, vio pasar una fina sonrisa por los labios del gascón.
-Hemos tenido una discusión sobre indumentaria - dijo el joven.
-¿Y tú, Aramis? - preguntó Athos.
-Yo me bato por causa de teología - respondió Aramis haciendo al mismo tiempo una señal a D'Artagnan con la que le rogaba tener en secreto la causa del duelo.
Athos vio pasar una segunda sonrisa por los labios de D'Artagnan.
-¿De verdad? - dijo Athos.
-Sí, un punto de San Agustín sobre el que no estamos de acuerdo - dijo el gascón."
-De Tarbes - dijo D'Artagnan.
-...os está permitido ignorar este detalle - dijo Athos.
-A fe mía - dijo D'Artagnan-, que estáis bien llamados, señores, y mi aventura, si tiene alguna resonancia, probará al menos que vuestra unión no está fundada en el contraste.
Entre tanto Porthos se había acercado, había saludado a Athos con la mano; luego, al volverse hacia D'Artagnan, había quedado estupefacto.
Digamos de pasada que había cambiado de tahalí, y dejado su capa.
-¡Ah, ah! - exclamó-. ¿Qué es esto?
-Este es el señor con quien me bato - dijo Athos señalando con la mano a D'Artagnan, y saludándole con el mismo gesto.
-Con él me bato también yo - dijo Porthos.
-Pero a la una - respondió D'Artagnan.
-Y también yo me bato con este señor - dijo Aramis llegando a su vez al lugar.
-Pero a las dos - dijo D'Artagnan con la misma calma.
-Pero ¿por qué te bates tú, Athos? - preguntó Aramis.
-A fe que no lo sé demasiado; me ha hecho daño en el hombro. ¿Y tú, Porthos?
-A fe que me bato porque me bato - respondió Porthos enrojeciendo.
Athos, que no se perdía una, vio pasar una fina sonrisa por los labios del gascón.
-Hemos tenido una discusión sobre indumentaria - dijo el joven.
-¿Y tú, Aramis? - preguntó Athos.
-Yo me bato por causa de teología - respondió Aramis haciendo al mismo tiempo una señal a D'Artagnan con la que le rogaba tener en secreto la causa del duelo.
Athos vio pasar una segunda sonrisa por los labios de D'Artagnan.
-¿De verdad? - dijo Athos.
-Sí, un punto de San Agustín sobre el que no estamos de acuerdo - dijo el gascón."
domingo, 15 de marzo de 2009
[MARCAPÁGINAS 14] "El guardián entre el centeno", J. D. Salinger
"D. B. me preguntó qué pensaba de todo lo que les he contado. No supe qué contestarle. Si quieren que les diga la verdad, no lo sé. Siento habérselo dicho a tanta gente. De lo que estoy seguro es de que echo de menos en cierto modo a todas las personas de quienes les he hablado, incluso a Stradlater y a Ackley, por ejemplo. Creo que hasta al cerdo de Maurice le extraño un poco. Tiene gracia. No cuenten nunca nada a nadie. En el momento en que uno cuenta cualquier cosa, empieza a echar de menos a todo el mundo."
jueves, 12 de febrero de 2009
[MARCAPÁGINAS 13] "Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj", Julio Cortázar
"Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es de tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo a perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj".
lunes, 2 de febrero de 2009
[MARCAPÁGINAS 12] "East Cocker", T. S. Eliot
"En mi comienzo está mi fin. En sucesión
se levantan y caen casas, se desmoronan, se extienden,
se las retira, se las destruye, se las restaura, o en su lugar
hay un campo abierto, o una fábrica, o una circunvalación.
que ya es carne, pieles y heces,
hueso de hombre y animal, tallo y hoja de maíz.
Las casas viven y mueren; hay un tiempo para construir
y un tiempo para vivir y para engendrar
y un tiempo para que el viento rompa el cristal desprendido
y agite las tablas del suelo donde trota el ratón de campo
y agite el tapiz hecho jirones con un lema silencioso."

se levantan y caen casas, se desmoronan, se extienden,
se las retira, se las destruye, se las restaura, o en su lugar
hay un campo abierto, o una fábrica, o una circunvalación.
Vieja piedra para edificio nuevo, vieja madera para hogueras nuevas,
viejas hogueras para cenizas, y cenizas para la tierraque ya es carne, pieles y heces,
hueso de hombre y animal, tallo y hoja de maíz.
Las casas viven y mueren; hay un tiempo para construir
y un tiempo para vivir y para engendrar
y un tiempo para que el viento rompa el cristal desprendido
y agite las tablas del suelo donde trota el ratón de campo
y agite el tapiz hecho jirones con un lema silencioso."

East Cocker, T. S. Eliot.
Del poemario "Cuatro Cuartetos", incluido en "Poesías reunidas 1909-1962".
Alianza Editorial, 1999.
Alianza Editorial, 1999.
miércoles, 7 de enero de 2009
[MARCAPÁGINAS 11] "El mundo pasa", Mario Benedetti
"Desde mi sólida banqueta, o sea desde mi trono de pelagatos, veo desfilar el tiempo y sus minucias, los torbellinos del desorden, las fragatas que en el puerto se mecen impasibles, los murciélagos que inmóviles vigilan, las golodrinas que regresan cargadas de experiencia.
También manos que ahora son casi garras, bocas seductoras que reclaman besos, pieles que se convierten en pellejos, ojos que aman cuando miran, colinas de allá lejos que se acercan, arroyos que se vuelven ríos, ríos que se vuelven mares.
Desde mi sólida banqueta, desde mi trono de pelagatos, veo cielos que se aclaran y oscurecen viejitas que no hace mucho eran muchachas, desalientos que fueron esperanzas. Pero también futuros que se abren y nos llaman, con promesas que quién sabe y no obstante admitimos.
El mundo pasa sin interrupciones, con paisajes que llenan el contorno, alarmas con abismos, glorias inaccesibles, perdones que no pedimos y alborotos en la conciencia cerrrada con candado.
Hasta que una noche inesperada, los párpados sucumben y ya no se levantan."

"El mundo pasa", Mario Benedetti, 2007.
Incluido en "Vivir adrede", Alfaguara, 2008.
Incluido en "Vivir adrede", Alfaguara, 2008.
sábado, 13 de diciembre de 2008
[MARCAPÁGINAS 10] "La caverna", José Saramago
"Había alcanzado el final de la gruta. Bajó el foco de la linterna para cerciorarse de la firmeza del suelo, dio dos pasos e iba a la mitad del tercero cuando la rodilla derecha chochó con algo duro que le hizo soltar un gemido. Con el choque la luz osciló, ante sus ojos surgió, durante un instante, lo que parecía un banco de piedra, y luego, en el instante siguiente, alineados, unos bultos mal definidos aparecieron y desaparecieron. Un violento temblor sacudió los miembros de Cipriano Algor, su coraje flaqueó como una cuerda a la que se le estuvieran rompiendo los últimos hilos, pero en su interior oyó un grito que lo obligaba, Recuerda, aunque tengas que morir. La luz trémula de la linterna barrió despacio la piedra blanca, tocó levemente unos paños oscuros, otros cinco cuerpos igualmente sentados, erectos todos como si un espigón de hierro les hubiese entrado por el cráneco y los mantuviese atornillados a la piedra. La pared lisa del fondo de la gruta estaba a diez palmos de las órbitas hundidas, donde los globos oculares habrían sido reducidos a un grano de polvo. Qué es esto, murmuró Cipriano Algor, qué pesadilla es esta, quiénes eran estas personas.
...
¿Qué hay abajo?, volvió a preguntar Marta después de haberse sentado. Abajo hay seis personas muertas, tres hombres y tres mujeres, No me sorprende, era exactamente lo que pensaba, que se trataría de restos humanos, sucede con frecuencia en las excavaciones, lo que no comprendo es por qué todos estos misterios, tanto secreto, tanta vigilancia, los huesos no huyen y no creo que robarlos mereciese el trabajo que daría, Si hubieses bajado conmigo comprenderías, todavía estás a tiempo de ir allí, Deje esas ideas, No es fácil dejar esas ideas después de haber visto lo que he visto. Qué ha visto, quiénes son esas personas, Esas personas somos nosotros, dijo Cipriano Algor, Qué quiere decir, Que somo nosotros, yo, tú, Marcial, el Centro todo, probablemente el mundo."
¿Qué hay abajo?, volvió a preguntar Marta después de haberse sentado. Abajo hay seis personas muertas, tres hombres y tres mujeres, No me sorprende, era exactamente lo que pensaba, que se trataría de restos humanos, sucede con frecuencia en las excavaciones, lo que no comprendo es por qué todos estos misterios, tanto secreto, tanta vigilancia, los huesos no huyen y no creo que robarlos mereciese el trabajo que daría, Si hubieses bajado conmigo comprenderías, todavía estás a tiempo de ir allí, Deje esas ideas, No es fácil dejar esas ideas después de haber visto lo que he visto. Qué ha visto, quiénes son esas personas, Esas personas somos nosotros, dijo Cipriano Algor, Qué quiere decir, Que somo nosotros, yo, tú, Marcial, el Centro todo, probablemente el mundo."
sábado, 29 de noviembre de 2008
[MARCAPÁGINAS. 9] "Vagabundo continuo", Vicente Aleixandre.
"Hemos andado despacio, sin acabar nunca.
Salimos una madrugada, hace mucho, oh sí, hace muchísimo.
Hemos andado caminos, estepas, trochas, llanazos.
Las sienes grises avanzan azotadas por vientos largos. Los
[cabellos enredados en el polvo, en espinas, en ramas
[a veces en flores.
Oímos el bramar de las fieras, en las noches, cuando
[dormíamos junto al fuego serenador.
Y en los amaneceres goteantes oímos a los pájaros gritadores.
Y vimos gruesas serpientes dibujar su pregunta,
[arrastrándose sobre el polvo.
Y la larga y lejana respuesta de la manada de los elefantes.
Búfalos y bisontes, anchos, estúpidos hipopótamos,
[coriáceos caimanes, débiles colibríes.
Y las enormes cataratas donde un cuerpo humano
[caería como una hoja.
Y el orear de una brisa increíble.
Y el cuchillo en la selva, y los blancos colmillos, y la enorme
[avenida de las fieras y de sus víctimas
[huyendo de las enllamecidas devastaciones.
Y hemos llegado al poblado. Negros o blancos, tristes.
[Hombres, mujeres.
Niños como una pluma. Una plumilla oscura, un gemido
[quizá una sombra, algún junco.
Y una penumbra grande, redonda, en el cielo, sobre
[las chozas. Y el brujo. Y sus dientes de huero.
Y el tam-tam en la oscuridad. Y la llama, y el canto.
[Oh, ¿quién se queja?
No es la selva la que se queja. Son sólo sombras,
[son hombres.
Es una vasta criatura sólo, olvidada, desnuda.
Es un inmenso niño de oscuridad que yo he visto,
[y temblado.
Y luego seguir. La salida, la estepa. Otro cielo,
[otros climas.
Hombre de caminar que en tus ojos lo llevas.
Hombre que de madrugada, hace mucho, hace casi infinito, saliste.
Adelantaste tu pie, pie primero, pie desnudo. ¿Te
[acuerdas?
Y, ahora un momento inmóvil, parece que rememoras.
[Mas sigue…"
Salimos una madrugada, hace mucho, oh sí, hace muchísimo.
Hemos andado caminos, estepas, trochas, llanazos.
Las sienes grises avanzan azotadas por vientos largos. Los
[cabellos enredados en el polvo, en espinas, en ramas
[a veces en flores.
Oímos el bramar de las fieras, en las noches, cuando
[dormíamos junto al fuego serenador.
Y en los amaneceres goteantes oímos a los pájaros gritadores.
Y vimos gruesas serpientes dibujar su pregunta,
[arrastrándose sobre el polvo.
Y la larga y lejana respuesta de la manada de los elefantes.
Búfalos y bisontes, anchos, estúpidos hipopótamos,
[coriáceos caimanes, débiles colibríes.
Y las enormes cataratas donde un cuerpo humano
[caería como una hoja.
Y el orear de una brisa increíble.
Y el cuchillo en la selva, y los blancos colmillos, y la enorme
[avenida de las fieras y de sus víctimas
[huyendo de las enllamecidas devastaciones.
Y hemos llegado al poblado. Negros o blancos, tristes.
[Hombres, mujeres.
Niños como una pluma. Una plumilla oscura, un gemido
[quizá una sombra, algún junco.
Y una penumbra grande, redonda, en el cielo, sobre
[las chozas. Y el brujo. Y sus dientes de huero.
Y el tam-tam en la oscuridad. Y la llama, y el canto.
[Oh, ¿quién se queja?
No es la selva la que se queja. Son sólo sombras,
[son hombres.
Es una vasta criatura sólo, olvidada, desnuda.
Es un inmenso niño de oscuridad que yo he visto,
[y temblado.
Y luego seguir. La salida, la estepa. Otro cielo,
[otros climas.
Hombre de caminar que en tus ojos lo llevas.
Hombre que de madrugada, hace mucho, hace casi infinito, saliste.
Adelantaste tu pie, pie primero, pie desnudo. ¿Te
[acuerdas?
Y, ahora un momento inmóvil, parece que rememoras.
[Mas sigue…"
"Vagabundo continuo", Vicente Aleixandre.
Incluido en "Historia del corazón", 1954.
Incluido en "Historia del corazón", 1954.
lunes, 17 de noviembre de 2008
[MARCAPÁGINAS. 8] "Cosmópolis", Don Delillo
“Al otro lado de la Sexta Avenida el automóvil avanzaba despacio a la altura de la agencia de cambio y bolsa de la esquina. Se veían los cubículos expuestos en la planta calle, hombres y mujeres atentos a las pantallas, y le embargó la seguridad de sus circunstancias, la rapidez, la implicación de todo ello, su envolvente crecimiento embrionario, secreto, interno, animado. Pensó en las personas que antaño visitaban su página web, en los tiempos en los que se dedicaba a las previsiones de mercado, cuando la previsión era poder en estado puro, cuando daba pistas sobre los activos de una empresa de tecnología o daba su bendición a un sector entero, y automáticamente causaba una duplicación en el precio de las acciones y un desplazamiento de varias cosmovisiones, cuando efectivamente estaba escribiendo páginas de la historia, antes de que la historia se tornara monótona y baboseo, antes de ceder a su afán de encontrar algo más puro, técnicas de registro que predijeran movimientos del dinero mismo. Comerció con divisas de toda suerte de entidades territoriales, nacionales modernas y democráticas, polvorientos sultanatos, paranoicas repúblicas populares, estados en rebeldía, en el culo del mundo, al mando de unos cuantos chavales pasados de rosca.
En aquello había encontrado belleza y la precisión, ritmos ocultos en las fluctuaciones de una divisa determinada.”
En aquello había encontrado belleza y la precisión, ritmos ocultos en las fluctuaciones de una divisa determinada.”
"Cosmópolis", Don Delillo, 2003.
Seix Barral, 2005.
Seix Barral, 2005.
domingo, 9 de noviembre de 2008
[MARCAPÁGINAS. 7] "Los justos", Jorge Luís Borges"
"Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo."
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo."
lunes, 27 de octubre de 2008
[MARCAPÁGINAS. 6] "El corazón de las tinieblas", Joseph Conrad
sábado, 11 de octubre de 2008
[MARCAPÁGINAS. 5] "La maravillosa vida breve de Óscar Wao", Junot Díaz
"Dicen que primero vino de África, en los gritos de los esclavos; que fue la perdición de los taínos, apenas un susurro mientras un mundo se extinguía y otro despuntaba; que fue un demonio que irrumpió en la Creación a través del portal de pesadillas que se abrió en las Antillas. Fukú americanus, mejor conocido como fukú -en términos generales, una maldición o condena de algún tipo: en particular, la Maldición y Condena del Nuevo Mundo. También denominado fukú del Almirante, porque El Almirante fue su partero principal y un de sus principales víctimas europeas. A pesar de haber <> el Nuevo Mundo. El Almirante murió desgraciado y sifilítico, oyendo (dique) voces divinas. En Santo Domingo, la Tierra Que Él Más Amó (la que Óscar, al final, llamaría el Punto Cero del Nuevo Mundo), el propio nombre del Almirante ha llegado a ser sinónimo de las dos clases de fukú, pequeño y grand e. Pronunciar su nombre en voz alta u oírlo es invitar a la calamidad, a que caiga sobre la cabeza de uno o uno de los suyos.
sábado, 27 de septiembre de 2008
[MARCAPÁGINAS. 3] "El simple arte de escribir", Raymond Chandler
Carta a Leonard Rusell,
director literario de The Sunday Times en Londres,
29 de diciembre de 1954
29 de diciembre de 1954
"Su carta del 15 de diciembre me llega apenas ahora, siendo lo correo lo que es en la época de Navidad. He recibido mucha simpatía y amabilidad y muchas cartas, pero la suya es algo único en tanto habla de la belleza que se pierde antes de consolarme con la vida comparativamente inútil que sigue. Ella fue todo lo que usted dice y más. Fue el latido de mi corazón durante treinta años. Fue la música oída apenas en el borde del sonido. Mi gran pesar, ahora inútil, es no haber escrito nada realmente digno de su atención, ningún libro que pudiera dedicarle. Lo planeé. Lo pensé, pero nunca lo escribí. Quizá no podría haberlo escrito."
sábado, 20 de septiembre de 2008
[MARCAPÁGINAS. 2] "Corre, Conejo", John Updike
"Quiere dirigirse al sur, abajo, más abajo del mapa, hacia los naranjales, los ríos humeantes y las mujeres descalzas. Parece bastante sencillo, conduces durante toda la noche, sigues corriendo al amanecer y durante toda la mañana y a mediodía aparcas en una playa, te descalzas y te echas a dormir junto al Golfo de México. Despiertas con las estrellas en el cielo perfectamente espaciadas y te sientes de maravilla."
miércoles, 10 de septiembre de 2008
[MARCAPÁGINAS. 1] "Estambul", Orham Pamuk
"Ni si me pasaba por la cabeza irme de Estambul. Y no porque la ciudad me encantara ni porque la amara consciente o apasionadamente, sino porque soy una persona que, por instinto, abandona a duras penas sus costumbres y los lugares en los que vive y especialmente perezosa a la hora de cambiar de espacio, de entorno, casa o barrio. Ya por aquellos tiempos empecé a descubrir que yo era alguien que podría vivir siglos vistiendo y comiendo todos los días lo mismo sin aburrirse mientras pudiera forjarme fantasías salvajes."
domingo, 7 de septiembre de 2008
[MARCAPÁGINAS. 0]
"El Marcapáginas" era el nombre con el que bauticé a una sección dedicada a la lectura en "La Ventana de Lorca".
A partir de ahora será también una selección on line de lecturas encontradas y recomendables, de libros y escritores, de momentos estelares de la literatura.
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